Normal
El escenario de mi actualidad incluye devastación ecológica y misantropía por parte de los sistemas de poder. Desde el canibalismo hasta el tráfico y violación de infantes, las noticias que llegan a mi son devastadoras. Como todo hijo del Caribe, me crié con una serie de valores hogareños que buscaban la sana convivencia. “Trato a los demás como deseo que me traten,” era el lema, entre otros, para coexistir con mis vecinos. Sin embargo, pareciera que esta enseñanza solo aplica a quienes laboran bajo la suela de los gobernantes.
A pesar de los horrores, necesito invertir tres partes de mi vida a un trabajo para poder comer. Sonrío, saludo, y opero como si los eventos del momento fueran normales. Me hago cómplice de actitudes urgentes que recaen en fiestas o eventos dedicados a seres que jamás me considerarían digno de conversación.
Quejarme o cuestionar la vida solo me consigue reprimendas. Todos debemos seguir a pesar de los horrores. Todos debemos obedecer la norma.
¿Cuán normal es organizar documentos de calendario mientras el mundo arde? ¿Cuán normal es pensar que la vida siempre ha sido así?
Si me preguntaras, yo diría que mantenerse sano y constante ante este escenario es insensato. Diría el comportamiento adecuado para estos días es aquel que consideran locura o radicalismo.
Rehusar esta realidad, rechazar que esta vida es normal, no es debilidad. En todo caso, pensaría que es el acto más sensato que uno pudiera hacer. Sin embargo, no basta con pensarlo.
Hay que actuar.
Se debe responder con honestidad y valor a las preguntas del día. El típico —¿Cómo te va?— no merece menos que —No muy bien, debido a…—.
La incomodidad es una señal de que algo anda mal, y por mucho tiempo hemos aprendido a ignorar nuestra incomidad con el fin de mantener la “normalidad” de nuestras interacciones diarias. Nos ahogamos para no perturbar las aguas, pero esto no soluciona los problemas.
Cuando la incomodidad viene del ente externo, existe la necesidad de reaccionar. Responder honestamente, sin atarse al hilo predeterminado de conversación aceptable, es nuestra responsabilidad. Si el fuego es evidente, alguien debe anunciarlo por el bien de los demás.
Lo normal está podrido. Debemos hablar de ello.